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Causa debate en región de París propuesta de retrasar entrada a escuelas

Nota publicada el 21 de enero del 2019

París.- Comenzar las clases a las 9:00 de la mañana en lugar de las ocho u 8:30, como ocurre actualmente en las 500 mil escuelas de la región de Isla de Francia, causó debate tanto en los medios franceses como en las conversaciones cotidianas, indicaron medios locales.

La presidenta de esa región capital, Valérie Pécresse, propuso al ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, modificar horarios de los liceos para adaptarlos al sueño de los jóvenes, a manera de experimento, con el fin de “favorecer el aprendizaje y mejorar el transporte en las mañanas”.

Pecresse indicó en un tuit que los adolescentes tienen un ciclo de sueño distinto al de niños y adultos, por lo que sería favorable despertarlos más tarde, y propuso adaptar los horarios al ritmo biológico de los jóvenes.

En respuesta, el ministro de la Educación recordó que los horarios de los establecimientos de enseñanza secundaria son definidos por los consejos de administración de cada centro.

Sin embargo, la propuesta de la presidenta de la región parisina dio mucho de qué hablar, debido a que hace eco a un estudio publicado en la revista científica Sciences Advances, sobre los efectos de un experimento realizado en la ciudad estadunidense de Seattle.

En esa ciudad de la costa oeste numerosos establecimientos retardaron el horario matutino en 2016, y los resultados obtenidos superaron las expectativas, pues los jóvenes dormían mejor, hubo menos ausentismo o retrasos y mejor rendimiento.

Ésto se debe a un ritmo en el ciclo del sueño de los adolescentes muy diferente al de niños o adultos. Los científicos explican que el reloj interno humano está influenciado por parámetros externos como la luz.

Pero en la pubertad el ritmo circadiano (biológico) tiende a prolongarse y a disminuir la sensibilidad a la luz de la mañana. Debido a eso, los adolescentes serían más propensos a acostarse más tarde y también a despertarse más tarde.

El biólogo argentino Horacio de la Iglesia, quien trabaja en el departamento de neurociencias de la Universidad de Washington, fue categórico al afirmar que “pedir a un adolescente que se levante y esté atento a las 7:30 hora local, es como pedirle a un adulto estar activo y alerta a las 5:30 de la mañana”.

A esto se suman los cambios hormonales propios de la pubertad, otro de los fenómenos que afecta notablemente el ritmo biológico, así como la utilización por la noche de dispositivos electrónicos que emiten luz azul, como computadoras, tabletas o teléfonos, que también tienen un efecto negativo en el sueño.

Los especialistas aseguran que el sueño tiene un papel fundamental en el aprendizaje y consolidación de la memoria. Los adolescentes deben dormir entre ocho y 10 horas por noche. Sin embargo, además de las consideraciones académicas, el sueño es importante para conservar la salud.

Según Gideon Dunster, uno de los autores del estudio, “no respetar los ritmos circadianos tiene consecuencias nefastas sobre la digestión, el ritmo cardíaco, la temperatura corporal, el funcionamiento del sistema inmunitario y el nivel de atención y de salud mental.

Los jóvenes que no duermen lo suficiente tienen más propensión de sufrir obesidad, diabetes, hipertensión, depresión, ansiedad o accidentes. En Canadá las recomendaciones son de nueve a 11 horas de sueño para jóvenes de entre nueve y 13 años, y de ocho a 10 horas, para los adolescentes entre 14 y 17 años de edad.

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